Las cenicientas por las noches se frustran de perder sus carruajes y sueños, se desvelan por las noches con sus anhelos.
Sus lagrimas no caen, no empañan sus utopías y desean fervorosamente que el tiempo haraganee para disfrutar de sus odiseas.
Retienen en sus retinas cada instante de placer y agonia para rememorarlo esperando que sus zapatos le toquen la puerta de la afamada alegría.
Y en esa explosión de caricias se reformule lo que las telarañas han tapado en alguna esquina.
Mas no hay más zapatos ni principes azules para las cenicientas, simplemente recuerdos de petalos de flores.
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